domingo, 11 de noviembre de 2012
Macedonia
El amor a veces me recuerda a una manzana, la ves allí en el árbol con tan buena pinta, roja, con ese brillo y ese sonido que solo hacen las manzanas cuando las muerdes. Y al morderla se te llena la boca de sabor, de frescura y de ganas de más... Y de repente un día te das cuenta que no puedes seguir mordiendo, que si comes demasiado te va a envenenar, que es una fruta prohibida y que deberías olvidarla, pasar a comer otras frutas.
Y yo tan cabezona como siempre, me pregunto: ¿Por qué no puedo seguir mordiéndote? ¿Por qué me envenenas de esta manera? y deseo, y sueño con seguir mordiéndola.
Hasta que me doy cuenta, que esa manzana está podrida, se la han comido otras personas y tengo que cambiar de fruta... Quizá a una más dulce y no tan atractiva, o quizá a una más amarga, que no me sorprenda con su interior.
Siempre me hablaron de naranjas, que tengo que encontrar mi media parte, pero no saben que nacemos enteros, que cada uno es una fruta, con sus características, que busca a otra que nos ayude en el zumo de la vida, que nos endulce los días, nos llene de vitamina y nos haga sentir vivos.
¡Que la vida es una macedonia, llénala de frutas!
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