Se acerca el fin del año, y como me encanta tanto pensar y reflexionar siempre acabo haciendo un balance de mi año. Muy típico pero necesario para marcarse nuevos objetivos, borrar miedos y cuidar las ilusiones.
Ha sido un año de cambios, conclusión a la que siempre llegamos, si no, ¿Que gracia tendría esto de crecer? Cambiar, evolucionar, crecer...
La vida la veo como un camino, una larga ruta, con sus senderos y llanos, con sus curvas y sus rectas, sus tramos duros y los que están para disfrutar del viaje, por suerte en el camino, te vas encontrando a personas, que siguen tus pasos, te enseñan nuevos, o te acompañan de la mano, algunos durante un tiempo y otros todo el camino. He aprendido a valorar la magia de ese camino, de mis días, dejar a un lado lo que no me llena, y cuidar lo que si. A no creer tanto en las palabras y si en los hechos. Porque pueden ilusionarte pero ten cuidado esas mismas palabras pueden romperte cuando menos te lo esperas. A apreciar la amistad de verdad, de los que siguen mi camino y a aprender de los que están por un tiempo. A aguantar la ruta cueste lo que cueste, y hacer lo imposible por llegar a mi objetivo. A quererme y valorarme más, ¿Quién si no lo haría? Y sabes que es lo increíble de mi camino? Que puedo haber aprendido mucho durante este tiempo, pero lo que me fascina es todo lo que me queda por aprender, de la vida, de la tierra, del arte, de ti, de mi, de nosotros, de vosotros...
No hay comentarios:
Publicar un comentario